¿Qué son los jeroglíficos y qué significa la palabra?
El término jeroglífico procede del griego antiguo y quiere decir grabado sagrado. En el valle del Nilo, sin embargo, a esta escritura jeroglífica la llamaban medu netjer, es decir, las palabras de los dioses. Nació en torno al año 3200 antes de nuestra era, de modo que figura entre los sistemas de escritura más antiguos que conocemos, y siguió en uso durante más de 3500 años, hasta que quedó en el olvido alrededor del siglo IV de nuestra era.
Su encanto está en que los jeroglíficos egipcios operan en varios registros al mismo tiempo. Hay signos que dibujan la cosa misma: el ave es un ave y no hay más vuelta que darle. Hay otros que valen por un sonido, igual que nuestras letras. Y unos cuantos cumplen las dos funciones a la vez. Dicho de otro modo, un híbrido entre la ilustración y el alfabeto fonético, y esa mezcla es justo lo que hace tan particular su significado: cada signo puede leerse como imagen, como sonido o como simple etiqueta gramatical, según el lugar que ocupe.
Por los textos clásicos circulan unos 700 signos habituales, cifra que se disparó por encima de 5000 durante la época grecorromana. Que no cunda el pánico: a un viajero le sobra con una veintena bien aprendida para pasarlo en grande durante la visita.
Cuando la piedra de Rosetta lo cambió todo

Durante casi 1400 años esta escritura fue un enigma cerrado: nadie sabía leerla. El giro llegó en 1799, cuando unos soldados del ejército de Napoleón dieron con una losa de piedra negra junto a Rachid, la Rosetta del delta del Nilo. Llevaba grabado un mismo texto por triplicado: en jeroglífico, en demótico y en griego antiguo.
El desciframiento llegó en 1822 de la mano del erudito francés Jean François Champollion. Su hallazgo consistió en entender que aquellos signos funcionaban a la vez como imágenes y como sonidos, y de ahí nació toda la egiptología contemporánea. Si pasas por El Cairo, el Gran Museo Egipcio conserva objetos vinculados de forma directa a esa hazaña.
El original sigue expuesto en el Museo Británico de Londres, aunque en El Cairo se guarda una réplica de gran calidad. O sea, que tanto si haces escala en Londres como si recorres la capital egipcia, tienes forma de ponerse delante de la pieza que lo cambió todo.
Los tipos de escritura del Antiguo Egipto
Antes de entrar en materia conviene situar los jeroglíficos dentro de un cuadro más amplio, porque el Antiguo Egipto no usó una única escritura a lo largo de sus tres mil años de historia.
Jeroglífico. La escritura monumental y sagrada, tallada en piedra en templos y tumbas, la más formal y la más lenta de trazar.
Hierático. Una versión cursiva y simplificada del jeroglífico, escrita con caña y tinta sobre papiro, que los escribas empleaban para la administración diaria y para copiar textos religiosos con rapidez.
Demótico. Una escritura todavía más simplificada, derivada del hierático, en uso desde alrededor del siglo VII a. C. hasta el siglo V de nuestra era, y una de las tres que aparecen en la piedra de Rosetta.
Copto. La última fase de la lengua egipcia, escrita ya con un alfabeto derivado del griego, que sobrevivió como lengua litúrgica de la Iglesia copta egipcia hasta hoy.
Para el viajero, lo importante es retener que jeroglífico e hierático conviven durante siglos con funciones distintas, la solemne y la práctica, y que el demótico es la escritura corriente que se lee en la franja central de la piedra de Rosetta.
¿En qué dirección se lee? Las reglas mínimas
Aquí no existe una única dirección de lectura, por más que lo lógico sería suponerlo. Un texto puede avanzar de izquierda a derecha, en sentido contrario, o bien en columna, de arriba abajo. ¿Cómo se averigua cuál toca?
El truco cabe en una frase: fíjate hacia dónde miran los animales y las figuras humanas. Siempre están vueltos hacia el comienzo del texto. ¿El ave mira a la derecha? Pues por la derecha se arranca. ¿Las figuras están giradas hacia el otro lado? Entonces la lectura empieza por la izquierda. Es una regla elemental, y en cuanto se domina se gana la admiración de quien viaje contigo en cada templo.
Los signos se reparten dentro de cuadros imaginarios, casi como un tablero. Los escribas tenían un ojo estético notable: colocaban cada elemento buscando que el conjunto quedara equilibrado y sin huecos muertos. De ahí que estas inscripciones resulten, además de legibles, tan bonitas de mirar.
Los tres tipos de signos
Ideogramas. El dibujo vale por la cosa dibujada: el disco solar quiere decir sol, o bien día. Sin más.
Fonogramas. Aquí el signo no vale por un objeto, sino por un sonido: una boca dibujada suena como nuestra r. Es el grupo que más se acerca a nuestra propia idea de alfabeto.
Determinativos. No suenan, no se pronuncian jamás. Van al final de la palabra y avisan de a qué categoría pertenece lo que se acaba de leer: una figurita sentada indica que se habla de alguien, y dos rayas inclinadas marcan el plural. Funcionan, en el fondo, como señales de tráfico para quien lee.
Los signos jeroglíficos que conviene llevar aprendidos

Los símbolos jeroglíficos egipcios que vienen a continuación aparecen sin descanso a lo largo de cualquier viaje a Egipto. Memoriza unos cuantos antes de salir de casa y notarás el cambio nada más llegar.
El anj: una cruz que significa vida
Seguramente sea el emblema faraónico con mayor fama del planeta: una cruz rematada por un lazo ovalado. El ankh alude a la vida eterna. En las escenas de los santuarios aparece con frecuencia en manos de las divinidades, que lo acercan a la nariz del soberano para otorgarle la vida. Aparece decenas de veces en Luxor y Asuán.
El escarabajo, Jeper
Para los antiguos egipcios, el escarabajo pelotero tenía carácter sagrado. Al verlo empujar su bola de tierra reconocían el gesto del dios solar arrastrando el astro por la bóveda del cielo. De ahí que encarne el renacimiento, la transformación y también el amparo frente al mal. Aparece en joyería, en amuletos y en las paredes de las tumbas, sin descanso. En Karnak se conserva uno célebre, tallado en granito, alrededor del cual los visitantes dan vueltas en busca de buena suerte.
El ojo de Horus, Udyat
Ese ojo estilizado, con sus trazos en la parte inferior, figura entre los emblemas defensivos de mayor fuerza del Egipto faraónico. Cuenta la mitología egipcia que Set arrancó el ojo a Horus durante una pelea y que Tot se encargó de recomponerlo. El Udyat habla de curación, de amparo y de totalidad. Aparece grabado en ataúdes, en colgantes y en los muros de los santuarios. Curiosidad: el sistema de fracciones con el que se medía el grano tomaba como base los distintos fragmentos de ese ojo.
El cartucho
Un cartucho es un óvalo estirado que se cierra abajo con una raya horizontal, y dentro va el nombre de un faraón o de un dios. Vendría a ser la rúbrica oficial de la realeza egipcia. Localizarlo en un muro se parece bastante a dar con la firma del pintor en un lienzo: enseguida se sabe quién ordenó levantar o decorar aquello. No es un detalle menor, porque Champollion arrancó su desciframiento justo por los cartuchos grabados en la losa de Rosetta.
El pilar Dyed
Su aspecto recuerda a un pilar cruzado por varias franjas paralelas, y lo que expresa es firmeza, solidez, aguante. La tradición lo vincula a Osiris: sería nada menos que su columna vertebral. Abunda en las escenas de funeral y en la decoración de las cámaras sepulcrales.
El cetro Uas
Una vara recta rematada arriba por una cabeza animal esquemática y abierta abajo en dos puntas. Lo que transmite es autoridad, mando, dominio. En los relieves aparece empuñada casi siempre por las divinidades.
El alfabeto jeroglífico: escribe tu nombre como un faraón

Es lo primero que quiere hacer todo el mundo al asomarse a esta escritura. Existe una versión simplificada del alfabeto jeroglífico, de unas veinticuatro letras, que permite pasar a signos los sonidos de un nombre, letra a letra, con su equivalente fonético. Mira cómo funciona:
El buitre, o el brazo, es la A; el pie es la B; la mano, la D; la caña, la I y la Y; el búho, la M; el agua ondulada, la N; el pollito de codorniz, la O y la W; la boca, la R; la tela plegada, la S; y el semicírculo del pan, la T.
Pongamos que se llama María: la secuencia sería búho, buitre, boca, caña y mano abierta. Métela dentro de un cartucho y ya la tienes escrita a la manera de los faraones. En los puestos de recuerdos junto a los templos hay calígrafos que graban ese mismo nombre sobre papiro delante del cliente, un detalle precioso para llevarse a casa.
Si prefieres ensayar desde casa, hay páginas web y aplicaciones de móvil con conversores automáticos: se teclea el nombre y en cuestión de segundos devuelven la versión jeroglífica.
Dónde están las inscripciones más bellas del país
Ni todos los yacimientos rinden lo mismo en este terreno. Los que vienen a continuación conservan la escritura jeroglífica en mejor estado y son los que más impresionan a quien se planta delante de ella.
El templo de Karnak
Funciona como una galería de jeroglíficos a cielo abierto. Su enorme sala hipóstila, con 134 columnas colosales, está escrita de arriba abajo. Allí conviven himnos religiosos, crónicas militares y relaciones de divinidades. No hay mejor sitio para estrenar lo que se acaba de aprender. Con un crucero por el Nilo se recorre el recinto en condiciones inmejorables.
El Valle de los Reyes
En las tumbas de los reyes se despliegan textos funerarios de primer orden: el Amduat, el Libro de las Puertas, el Libro de los Muertos. Hay cámaras donde el color aguanta vivo pasados más de 3000 años. La de Seti I está considerada la más hermosa de todas por la calidad de lo que hay grabado en sus paredes.
Filae, el santuario de Isis en Asuán
Consagrado a Isis y encaramado en una isla de forma espectacular, este recinto guarda las inscripciones jeroglíficas más tardías que se conocen, fechadas en el año 394 de nuestra era. Aquí se escribió por última vez con signos sagrados. Visitar Asuán acerca a un enclave con tanta historia detrás.
Abu Simbel
Las dos moles que Ramsés II mandó excavar exhiben inscripciones a escala descomunal, entre ellas la crónica de la batalla de Qadesh. Los signos alcanzan aquí tamaños que descolocan: algunos pasan del metro de altura.
Con qué prepararse antes del vuelo
Nadie te pide que llegues hecho un especialista. Dedicando unas horas al tema antes de tu viaje a Egipto ya exprimirás mucho más cada una de las paradas.
Libros: el manual de Mark Collier y Bill Manley, «Cómo leer los jeroglíficos egipcios», plantea un método práctico ideal para empezar de cero. «El antiguo Egipto: jeroglíficos para principiantes» funciona como guía visual muy asequible. Y quien quiera ir más lejos tiene en «Egyptian Grammar», de Alan Gardiner, una referencia sólida, eso sí, en inglés.
Aplicaciones: con Egyptian Hieroglyphs y Hieroglyphics Keyboard se aprovecha cualquier rato muerto, y varias incorporan cuestionarios que convierten el repaso en un juego.
Vídeo: en YouTube hay canales de egiptología en español que ofrecen cursos completos sobre los rudimentos de esta escritura. Una lista de reproducción de 5 o 6 entregas deja los cimientos puestos, y se sigue bien en cualquier trayecto.
Cursos: varias universidades han abierto cursos en línea gratuitos dedicados a la escritura del antiguo Egipto, con módulos pensados para quien parte de cero y no ha tocado nunca la materia.
El significado real de aprender jeroglíficos antes de viajar
La distancia entre quien llega con cuatro signos aprendidos y quien llega en blanco es abismal, más incluso que en Marruecos, Turquía o Jordania, destinos que muchos viajeros españoles ya conocen. El primero se planta ante un muro y distingue relatos, nombres de reyes, plegarias dirigidas a los dioses. El segundo solo ve un dibujo bonito que no conecta con nada.
Ojo, tampoco se trata de entenderlo todo. Hay textos en los que un egiptólogo se deja años enteros. Lo que se busca es otra cosa: cazar los signos importantes, captar cómo se organiza el conjunto y adivinar a grandes rasgos qué está contando una escena. Con eso, la experiencia sube ya varios peldaños.
Con este bagaje en la mochila, al entrar en los sitios culturales de Egipto cada muro se lee como una página abierta. Enseguida se distinguen por todas partes los cartuchos de Ramsés II, que ordenó grabar miles, se reconoce a cada divinidad por sus atributos y se entiende qué sucede en las escenas de ofrenda. El disfrute no tiene comparación posible.
Recomendaciones prácticas sobre el terreno
Lleva en la mochila un cuadernillo de bolsillo con los signos más frecuentes. Sí, parece cosa de colegio, pero delante de un paramento escrito de arriba abajo se agradece tenerlo a mano. Y añade una libreta para ir apuntando lo que vaya identificando: no hay forma mejor de que se quede grabado.
Para mirar jeroglíficos, nada como las primeras horas del día o el final de la tarde: la luz rasante subraya los relieves. Al mediodía, en cambio, el relieve en hueco cuesta de leer porque no queda sombra que lo marque. Consulta la mejor época para viajar y organiza las visitas con las condiciones a favor.
Contar con un guía local especializado que hable español cambia la visita entera. Señalará detalles que por tu cuenta pasarían por alto y contará qué hay detrás de cada inscripción. Todos nuestros paquetes turísticos llevan siempre guías titulados.
Lea también: nuestra guía sobre la piedra de Rosetta, la cruz Ankh.
Preguntas frecuentes sobre los jeroglíficos egipcios
¿Qué significa la palabra jeroglífico?
Jeroglífico viene del griego antiguo y significa grabado sagrado. Los propios egipcios llamaban a su escritura medu netjer, las palabras de los dioses, porque la consideraban un don divino reservado a los textos religiosos, funerarios y reales grabados en piedra sobre templos y tumbas.
¿Cuántas letras tiene el alfabeto jeroglífico?
El alfabeto jeroglífico simplificado que se usa para transcribir nombres modernos tiene unas veinticuatro letras, cada una asociada a un sonido consonántico. La escritura jeroglífica completa, sin embargo, no es un alfabeto en sentido estricto: suma unos 700 signos de uso habitual, entre ideogramas, fonogramas y determinativos, cifra que llegó a superar los 5000 en época grecorromana.
¿Qué diferencia hay entre jeroglífico, hierático, demótico y copto?
Son las cuatro grandes fases de la escritura egipcia. El jeroglífico es la forma monumental, tallada en piedra. El hierático es su versión cursiva, escrita a mano sobre papiro para uso diario. El demótico, más simplificado todavía, sustituyó al hierático en la administración desde el siglo VII a. C. El copto, ya con alfabeto de base griega, es la última fase de la lengua egipcia y sigue viva como lengua litúrgica de la Iglesia copta.
¿Cuántas horas hacen falta para dominar las nociones elementales?
Con unas pocas horas basta para identificar lo esencial, anj, escarabajo, ojo de Horus, cartuchos, y para entender cómo se ordena un texto. Dos o tres tardes leyendo o viendo vídeos antes de salir dejan una base firme. Otra cosa es leer una inscripción entera: ahí ya se habla de meses, o de años, de estudio en serio.
¿Los jeroglíficos funcionan igual que el alfabeto que usamos?
No del todo. Es un sistema mixto donde conviven signos que anotan sonidos, dibujos que valen por un objeto o una idea, y marcas mudas que sitúan la palabra dentro de su categoría. Resulta bastante más enrevesado que un alfabeto corriente, aunque la parte fonética se comporta como nuestras letras.
¿Puedo poner mi nombre en jeroglíficos?
Claro que sí, tirando del alfabeto fonético simplificado: a cada sonido le corresponde un signo concreto. En la red se encuentran conversores que lo resuelven solos. Y ya en Egipto, los calígrafos lo graban a mano sobre papiro, uno de los recuerdos más pedidos y de los más personales.
¿Qué es un cartucho y cómo se reconoce?
Un cartucho es el óvalo alargado, cerrado abajo por una raya, que enmarca el nombre de un faraón o de un dios en la escritura jeroglífica. Es la manera egipcia de subrayar que ese grupo de signos es un nombre propio y no una palabra corriente. Reconocerlo en un muro es de las primeras habilidades que se adquieren, y suele ser el primer jeroglífico que cualquier visitante aprende a identificar.
¿Qué inscripciones se conservan en mejor estado?
En el Valle de los Reyes el color sigue puesto sobre los signos después de milenios. Karnak, en Luxor, gana por cantidad: la superficie escrita allí abruma. Y Filae, frente a Asuán, guarda el último jeroglífico que se talló nunca, en el año 394 d. C.
¿Cuál es el símbolo jeroglífico más conocido?
Probablemente el anj, la cruz de la vida, seguido de cerca por el ojo de Horus y el escarabajo Jeper. Los tres se venden como amuletos en cualquier bazar egipcio y aparecen sin descanso en templos y tumbas, aunque el símbolo con más peso histórico es el cartucho, por su papel decisivo en el desciframiento de Champollion.
¿Se puede aprender jeroglíficos gratis por internet?
Sí. Varias universidades ofrecen cursos introductorios gratuitos sobre la escritura del antiguo Egipto, y en YouTube existen canales en español dedicados a la egiptología con lecciones completas sobre los rudimentos de los jeroglíficos. Para un viajero, con dos o tres sesiones cortas antes de salir es más que suficiente.
¿Merece la pena contratar guía para descifrarlos allí mismo?
Obligatorio no es, sobre todo si se ha leído algo antes de viajar. Ahora bien, un egiptólogo al lado juega en otra liga: desmonta las escenas complicadas, cuenta el mito que hay detrás y ve detalles que a un profano se le escapan. En Sem Elegant Voyage formamos a nuestros guías de habla española justo para eso, para que esta escritura le llegue a cualquiera.